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Sol si, pero… ¿cómo elijo mi fotoprotector ideal?

junio 19, 2013

A la hora de elegir un protector solar hay que tener en cuenta varios factores que veremos a continuación, primeramente vamos a definir un par de conceptos para luego ver como podemos elegir el que más nos convenga dentro de la gran variedad que vamos a encontrarnos en el mercado.

En principio dentro de los rayos Ultravioleta tenemos dos tipos que nos interesan, los UVA y los UVB; también existen los UVC que son muy nocivos para el ser humano pero son bloqueados por la capa de ozono.

Los UVB son de mayor energía pero se quedan en capas más superficiales de la piel, dando lugar al eritema solar o enrojecimiento y a largo plazo pueden ocasionar el cáncer cutáneo. Son los responsables del moreno ya que intervienen en el proceso de la formación de la melanina. También afecta a los ojos favoreciendo el que se produzcan cataratas y degeneración macular. Están más influidos por la estacionalidad, siendo más fuertes en verano y de 12 de la mañana a 4 de la tarde.

Los UVA tienen menor energía y son los responsables de las manchas en la piel, fotoenvejecimiento al causar daños en el colágeno y la elastina, fotoalergias y a largo plazo pueden ocasionar cáncer cutáneo. No esta influido tanto por la estacionalidad siendo casi igual de intensos en verano que en invierno y a lo largo del día disminuyendo a la par que la luz visible. No son retenidos por los cristales como pasa con los UVB.

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Los rayos infrarrojos IR potencian los efectos adversos de los UV y son de alta energía calorífica. Las nubes bloquean a los rayos infrarrojos que son los que nos dan ¨calorcito¨, por eso los días nublados en los que optamos por no protegernos ya que parece que no ¨pega¨ el sol nos quemamos de lo lindo. No existe ningún método oficial para determinar la protección IR. Los fotoprotectores que la reivindican llevan filtros biológicos que neutralizan los radicales libres que se producen en la exposición solar.

Aún así conocemos los efectos beneficiosos que tiene el sol sobre nuestra piel tanto en la generación de vitamina D necesaria para fijar el calcio en nuestros huesos, como en la mejora del estado de ánimo, se utiliza para ciertos casos de depresión.

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Cuando nos acercamos a un solar lo primero que vamos a ver es el SPF o Fáctor de Protección Solar, un número bien grande en la caja del producto que nos indica lo que protege, pero ¿qué significa?.

Pues bien esta es una medida la la protección de un producto frente a UVB, aquí se determina con el método europeo pero también existen el american, el alemán y el australiano. Consiste en someter a voluntarios a una lámpara que mimetiza la luz solar, y es la relación entre el tiempo que tarda en producirse eritema o rojez en la piel que tiene la crema con protección solar y la piel que no la tiene.

Para medir la protección frente a UVA se hace por otros métodos como son el IPD o el PPD. Por lo que asumimos que la protección que nos viene reivindicada en la caja es sólo la que tenemos frente a UVB. Por ello existe un sello que nos asegura una protección equilibrada frente a UVA. Para tener este sello la protección UVB dividida entre la protección UVA tiene que ser menor o igual a 3. Esto es muy importante ya que dado que el problema de las manchas cada vez es un problema más frecuente nos interesa mucho que los productos que utilizamos nos ofrezcan una protección mayor frente a UVA.

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Para proporcionarnos esta protección tenemos distintos tipos de filtros: físicos, químicos y biológicos.

Los físicos son moléculas grandes que actúan reflejando los rayos del sol, son muy estables y tienen una cosmética que deja bastante que desear, son los responsables de que el solar nos deje ¨blancos¨. Dentro de estos el más utilizado es el dióxido de titanio. No penetran en la piel no teniendo problemas de alergias. Cada vez se utilizan en forma de partículas más pequeñas con lo que queda la duda de que puedan llegar a penetrar algo.

Los químicos son compuestos que actúan absorviendo la energía solar, son moléculas más pequeñas que penetran en capas superficiales de la piel y tienen menor estabilidad que los anteriores ya que se van alterando. Dentro de estos encontramos octocrileno, benzofenona, tinosorb… Para aumentar la estabilidad de estos se suelen combinar entre ellos y con otras sustancias que los estabilicen aumentando el tiempo de acción de los mismos.

Los biológicos son básicamente antioxidantes que lo que hacen es combatir los radicales libres que se generan en la exposición solar. Para ello se utilizan distintos tipos de aguas termales, plantas antioxidantes y vitaminas como la A, E, magnesio…

Y en cuanto a la protección… ¿qué protección necesito?. Pues bien, esto esta relacionado con nuestro fototipo de piel que van del I al VI. Esta es una clasificación realizada por el Dr. Fitzpatrick para clasificar los distintos tipos de piel en función de como están predispuestos a broncearse y/o quemarse frente a la exposición solar. El I y el II son personas que se queman con facilidad y raramente se broncean con cabellos y ojos de color claro, pelirrojos o rubios. III y IV son personas que si llegan a broncearse y es más raro que se quemen si no se pasan de exposición al sol dentro de estos nos encontramos a morenos y latinos. Los V y VI son personas de piel oscura que raramente se queman y se suelen broncear con facilidad aquí vemos árabes, asiáticos y gente de color.

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En España lo más habitual es encontrarnos con fototipos III y IV en los cuales deberíamos empezar con una protección más alta tipo 40 o 50 y luego ya podemos pasar a 30 o 20. También tenemos que tener en cuenta la zona a la que vayamos, ya que si vamos a zonas elevadas o montaña la incidencia del sol es mayor [un 10% más cada 1000 metros] y si vamos a zonas de playa o nieve no solo tenemos la luz solar que incide sobre nosotros directamente sino la que se refleja en la arena [hasta un 20%], el agua [hasta un 30%] o la nieve [hasta un 90%].

¿Y por qué existe tanta variedad de protecciones? Pues bien, hace un tiempo y dado la gran variedad de protecciones que existían, llegando hasta a 120 y más en Japón o China, se establecieron unas categorías a modo de recomendación por una institución llamada COLIPA para armonizar esto.

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Por eso hace un par de años comenzamos a ver los 50+ y es que dado que una vez que llegamos a 50 la protección no aumenta significativamente, por eso se mete dentro de este índice todo lo superior a 50. Aún así como son recomendaciones seguimos viendo 90 y 100 que siguen confundiendo a la gente dado que la protección es la misma que en otro 50+. A lo que se quiere llegar es a quitar los números y pasar a un sistema de protección baja, media, alta y muy alta, pero para esto todavía queda bastante.

Si tenemos que elegir una protección para un niño o un bebé tiene que ser una protección del mayor índice [50+] y adaptada para esta población, la diferencia que solemos encontrar en estos protectores es que llevan filtros que penetran menos en la piel para dar menos alergias, aguantan más el agua y el roce y son más estables. Aún así siempre se recomienda complementar con barreras físicas como sombrillas, gorros o camisetas ya que es una piel todavía inmadura y no hay que agotar su capital solar.

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Tendremos en cuenta también si tomamos alguna medicación que nos pueda sensibilizar al sol tanto en forma de alergia, que en este caso se denominaría fotoalergia, como en forma de manchas en la piel, dentro de estas podemos encontrar los anticonceptivos orales, los antidepresivos, algunos antiinflamatorios como el ibuprofeno, algunos antibióticos, tratamientos para acné, psoriasis o cáncer…

La forma de aplicación tiene que ser media hora antes de la exposición, de forma generosa y reponerlos cada 2 horas y cada vez que nos demos un baño aunque sean water resistant o waterproof. Cuando estemos en la playa/piscina debemos recordar que no hay que dejar que el solar este expuesto al sol ya que se pueden dañar. Ya que los filtros se degradan sabemos que los protectores no son para siempre y que de un año para otro es recomendable renovarlos.

Existen productos en el mercado que aceleran el bronceado o lo mejoran, sin estar dentro de los autobronceadores. Dentro de estos tenemos los que son complementos alimentarios que se basan en vitaminas tipo betacaroteno y se suelen acompañar de aceites vegetales y antioxidantes como extractos de plantas o vitaminas. Estos complementos debe quedar claro que no protegen del sol, tan sólo aceleran nuestro bronceado y no hay que obviar los fotoprotectores si los utilizamos. Se toman unos 15 días antes de la exposición solar y se deben de tomar durante y unos días después si queremos prolongar el bronceado. También he encontrado dietas recomendables que realizan esta función tomando alimentos ricos en vitaminas A, C y B5 que activan la melanina como por ejemplo frutas y verduras amarillas o naranjas como zanahoria, melocotón, mango, melón… también las verduras de hoja verde y las carnes pueden ayudarnos, siempre se recomienda complementar con antioxidantes.

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Nos encontramos con distintas formas cosméticas dentro de los fotoprotectores: leches, cremas, aceites secos, geles, geles-crema, sticks… que podemos encontrar en distintos formatos como sprays de distintos tipos, tubos de distintos tamaños, con color/sin color… para que podamos elegir el que más se adapta a nuestro tipo de piel y a nuestras necesidades o gustos.

No debemos olvidar que el cabello también se daña en la exposición solar, no solo directamente por el sol sino porque esta suele venir acompañada de largos baños en aguas con cloro o sal, la arena y el viento también juegan un papel importante en dejar nuestro cabello castigado y seco. Lo que vemos es una degradación de la keratina, por ello encontramos productos en el mercado que la protegen en forma de aceites y fluidos para aplicar antes de la exposición solar, y diferentes cremas reparadoras y mascarillas para aplicar después y ayudar a regenerar este cabello dañado. Es muy importante saber que la última fase del ciclo de nuestro cabello o telógena dura unos 2-3 meses que transcurren desde que nuestro cabello entra en fase de caída hasta que cae. Si castigamos nuestro cabello en verano al cabo de 2-3 meses notaremos mayor caída, esto casualmente coincide con septiembre que es una época de caída capilar importante.

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En cuanto a los ojos no debemos de olvidarnos que si utilizamos unas gafas de sol de ¨dudosa¨ calidad nos arriesgamos a sufrir problemas a largo plazo como cataratas o degeneración macular, por ello debemos adquirir estos productos en sitios que nos proporcionen esta garantía y que los cristales sean capaces de bloquear estas radiaciones.

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También podemos optar por tirar de Rayos UVA si no tenemos la oportunidad de ir a la playa/piscina a tomar el sol, en este caso debemos tener cuidado de que el establecimiento nos ofrezca una seguridad adecuada. En algunos establecimientos se pone más UVA en relación a UVB para dar más color. Esta comprobado que la gente que toma rayos UVA tiene un 20% más de riesgo de tener cáncer de piel. Si se eligen este tipo de tratamientos no hay que olvidarse que hay que ponerse protección solar.

Por:

Miguel de Juan Tendero

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